
El sábado pasado no tuve la oportunidad de dar mi opinión sobre el nuevo gadget de Apple, el iPad. El feed del podcast me gastó una de sus periódicas bromas pesadas y se estropeó. Una vez pasado por el taller ya está en plena forma y este sábado pretendo publicar el programa número 71, aunque no me he podido resistir a hablar sobre el iPad, aunque sea por el blog.
El iPad es bonito, grácil, y con grandes posibilidades, pero le va a ocurrir como al primer iPod y al primer iPhone, no va a ser un producto completo. El hecho de que todavía Apple se resista a la multitarea y el flash en un dispositivo que se encuentra entre un Macbook y un iPhone, llega a ser irritante. En cualquier caso, el tema del flash puede incluso ser justificable debido a que el formato HTML5 cada vez se está colocando en mejor posición para ser el próximo estándar que patee el trasero al dichoso flash de las páginas web actuales. Pero hasta entonces, ajo y agua con el iPad, un artilugio que se nos vende como la panacea en cuanto a navegación web portable.
Las capacidades (16-32-64 GB) se me antojan demasiado justas para un dispositivo que lee formatos de vídeo a 720p, cuando sabemos que las películas en esas resoluciones son muy pesadas, y la falta de espacio puede ser un inconveniente que Apple no ha resuelto con la posibilidad de una ranura de expansión SD (al estilo de los nuevos iMac).
Otro punto que, por un lado es positivo de primeras, se puede convertir en un inconveniente en el futuro. El iPad nace con tropecientas mil aplicaciones heredadas del iPhone, pero que como se ha visto en los vídeos de Apple, no se adaptan al 100% al iPad, ya que están programadas para la pantalla y funcionalidad del iPhone. Me temo que en el momento que los desarrollos se enfoquen más hacia el iPad, van a subir los precios de las apps, y esto arrastrará la subida de las apps para el iPhone de alguna manera. Y habrá que ver cómo de compatible es una aplicación desarrollada para el iPad que (presuntamente) también pueda usarse con el iPhone. Además, una de las aplicaciones más chulas, el iBook, en España no la vamos a oler demasiado por el momento…
Por lo demás es un pedazo de gadget por el que las compañías telefónicas se pegarán hasta la muerte para que, al final, sea Movistar la que se haga con su tarificación de datos 3G para los modelos que integran esta tecnología. Una pena, porque Movistar apesta, sobre todo por su ilógica distribución que ya dejó sin terminales de iPhone 3G S por meses y meses a los sufridos clientes que querían atarse a uno durante 18 meses pagando religiosamente y Movistar parecía no querer aprovechar esa masa de dinero que se les escapó. Inexplicable lo de esta gente.
¿Qué si me la pienso comprar? Rotundamente no. Como mínimo hasta que no llegue el iPad de 3ª generación este bicho no verá mi casa. Se me queda muy grande para suplantar mi iPhone y demasiado limitado para desterrar mi Macbook de 13″. Pero me gusta, que conste
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