Cuando Apple intenta parecerse demasiado a Microsoft

Hay veces en los que levantas la mirada por encima de tu hombro y ves como has pasado años usando un sistema operativo que te ha dado tantas alegrías como problemas. Y cuando giras la cabeza de nuevo al frente te encuentras con un sistema que te da más alegrías que problemas. Lo cual te hace sentir la satisfacción de no sentirte defraudado de la elección que tomaste. A mí me ocurre casi a diario cuando uso MacOs X y recuerdo mis andanzas con Windows. Sin embargo Apple se empeña en darme pequeños disgustos de vez en cuando, aunque casi nunca relacionados con el Leopard. Estos contratiempos se centran más en políticas de mercado, estrategias empresariales, y sobre todo, la forma en la que están tratando un tema tan candente como es el iPhone y su microuniverso.

Apple no deja de ser una empresa relativamente pequeña en comparación con gigantes del sector de la tecnología e informática. Microsoft es la cabeza visible en este maremagnum, y una de las empresas más poderosas del planeta. Apple no es más que un niño comparado con el gigante creado por Bill Gates, pero han conseguido situarse con acierto y una marcada forma de hacer las cosas, en el mercado tecnológico, y no solo en lo que a ordenadores se refiere. El iPhone, tal y como sucedió con los iPod, ha supuesto un cambio de mentalidad en las estrategias de la compañía y les ha obligado a modificar sustancialmente la cultura que hasta ahora estaban manteniendo. El aparato es una genial idea, y la tecnología que lo soporta impresiona, sin embargo con ciertos detalles da la impresión de que intentan abarcar lo que una empresa del tamaño de Microsoft, y ahí se pierde la esencia de Apple.

Microsoft saca cientos de productos, y actualiza otros tantos. El software, su soporte (obviando el sistema operativo) y los periféricos son productos que se lanzan al mercado sin demasiado bombo y platillo, pero que acaban siendo comprados por multitud de personas de las que un grupo termina satisfecho y otro desencantado. Pero no es algo que le preocupe realmente a Microsoft, porque son tan grandes que esas pérdidas de confianza o de dinero no afectan la suma de beneficios que obtienen cada fin de ejercicio. Apple, es diferente, juegan en otra liga, y es la liga de la confianza. Ante todo la fidelización que los de Cupertino buscan para con sus usuarios es, y debe serlo, mucho más sólida que la que ejerce Microsoft con los suyos. El iPhone ha abierto un nuevo mercado para Apple, que da la impresión que no son capaces de gestionar de forma tan eficiente como lo han hecho hasta ahora con sus demás productos. Este hecho es el que me hace dudar de la capacidad de la compañía si la cuota de venta de los Mac subiera demasiado. Tal y como han demostrado en este lanzamiento mundial del nuevo iPhone 3G, los problemas en cuestión de software/ firmware, los errores garrafales en las cribas de selección para las aplicaciones en la AppStore, y los problemas causados por la falta de control de calidad en los procedimientos que siguen las empresas distribuidoras de los iPhone en países como España, hacen que Apple esté cayendo en una espiral de problemas de los que parece no sean capaces de superar con agilidad.

Se dieron cuenta que lanzar demasiados productos a la vez (como en la presentación del iPhone 3G, MobileMe y firmware 2.0…) de tanta transcendencia fue un completo desastre que no ha traído sino verguenza y desprestigio a una empresa que en gran parte depende de ello. Y esto solo corrobora el hecho de que Apple no debe intentar pisar el terreno pantanoso en el que está acostumbrado a moverse Microsoft, porque sinceramente terminaría por hundirse. Apple tiene su espacio, su capacidad de abarcar mucho con sus productos, pero dudo que tenga el poder de abarcar tanto como pretende por el momento. Y es que los de Steve Jobs, están cayendo en errores propios de Microsoft, pero con una salvedad, Microsoft puede permitírselos y Apple todavía está lejos de hacerlo.